
Es sabido que en Ubuntu, por una cuestión de políticas acordes a su concepción de la seguridad, no se permite el ingreso bajo ninguna forma desde la cuenta de superusuario, normalmente conocida como root. A todos los efectos, todo usuario que tenga que realizar cualquier tarea administrativa en el sistema operativo deberá utilizar el comando sudo precediendo al comando original en la consola y luego validarlo ingresando su contraseña, o escribir esta cuando el sistema se lo pida ante determinadas acciones que requieren elevación de privilegios.
Sin embargo, existe un único caso en el que la distro de Canonical permite ingresar como root, aunque solo a una línea de comandos; y esto es cuando se elige desde el menú de inicio de GRUB2 la opción de arranque en modo de recuperación. Cuando la elegimos, en vez de cargar la interfaz gráfica como es habitual se acaba en un menú en modo texto con diversas opciones útiles a la hora de reparar un Ubuntu roto. Una de ellas, por razones obvias la más avanzada, es la de cargar una línea de comandos bajo la cuenta del superusuario. El problema es, al menos en la versión 12.04 de Ubuntu (Precise Pangolin), que esta opción monta al raíz del sistema como solo lectura; por tanto, tenemos todos los derechos para hacer lo que haga falta, pero como no podemos escribir nada al disco, no podemos hacer casi nada.
